Tras una cirugía mamaria no se recomienda hacer ejercicio físico durante aproximadamente un mes, aunque esto dependerá de la recomendación del médico, del tipo de intervención y del proceso de recuperación de cada paciente.
Si has decidido aumentarte el pecho y eres deportista o sueles realizar actividad física con regularidad hay una serie de recomendaciones a tener en cuenta antes de volver de forma segura a tu rutina habitual.
¿Sabías que el running o el tenis son algunas de las prácticas que debes evitar durante un tiempo? ¿O que es totalmente imprescindible usar un buen sujetador deportivo?
El equipo médico de Clínicas Dorsia nos desvela cómo y cuándo retomar el ejercicio físico, así como una serie de consejos para evitar problemas durante el proceso de recuperación. Piensa que seguir a rajatabla las pautas del médico especialista son la clave del éxito de la intervención.
CUÁNDO SE PUEDE PRACTICAR DEPORTE
Si eres una persona habituada a hacer ejercicio físico, pasar por una cirugía de aumento mamario no va a suponer un problema. Pasado un tiempo prudencial, podrás reanudar tu rutina de actividad física.
Lo primero y más importante a tener en cuenta es el ser estricta respecto al periodo de recuperación pautado por el médico. Como norma general, se advierte no practicar ningún deporte durante el postoperatorio, sobre todo si intervienen los brazos o el abdomen.
Teniendo siempre presente esta premisa y, una vez concluido el tiempo de recuperación, que variará dependiendo de cada caso, es posible volver a realizar ejercicio en un mes o mes y medio, aproximadamente, después de haberse sometido a la operación, siempre y cuando el cirujano estime que es el momento adecuado.
Eso sí, se deberá retomar la práctica deportiva gradualmente y de manera moderada y, sobre todo al principio, deberás tener especial precaución con los ejercicios que trabajen tu musculatura pectoral.
LO QUE DEBES SABER ANTES DE VOLVER A LA RUTINA
Se aconseja guardar reposo durante al menos siete días, no realizando ninguna clase de esfuerzo para garantizar una buena recuperación y una correcta cicatrización.
Tras la primera semana ya se puede retomar la vida diaria de forma progresiva, sin realizar esfuerzos excesivos, evitando movimientos bruscos o cargar peso. Sin embargo, para practicar deporte debes esperar algunas semanas más.
En cualquier caso, es recomendable que antes de someterse a la operación se informe al cirujano del hábito deportivo, ya que puede afectar a la decisión de colocar el implante por encima o debajo del músculo pectoral.
Los deportistas suelen recibir la recomendación de colocarla debajo del músculo, ya que estos casos tienen los pectorales más desarrollados.
FACTORES A TENER EN CUENTA
Sobre el periodo de inactividad antes de comenzar a practicar deporte de nuevo tras una operación, será el cirujano quien indique los plazos de recuperación, que pueden variar en función de factores como:
La evolución post-operatoria de cada paciente.
El tipo de intervención: la recuperación no es igual si la incisión ha sido alrededor de la areola o al nivel sub-mamario. También varía dependiendo de la prótesis y de dónde se haya colocado.
El correcto seguimiento de las indicaciones médicas, que acelerará o ralentizará el proceso de curación.
Otros consejos como no fumar, no tomar el sol, guardar reposo o no hacer esfuerzos influirán en que la recuperación sea óptima.
¿QUÉ TIPO DE DEPORTE PUEDO PRACTICAR?
Ante todo, las personas operadas de pecho deben interiorizar la importancia de llevar un buen sujetador deportivo que garantice una correcta sujeción. Algunas características que debe tener esta prenda son: diseño sin aros o específico para practicar deporte.
Teniendo en cuenta este consejo sobre la equipación, se podrá retomar la rutina deportiva que se deberá hacer de forma gradual.
Hay unos deportes que puedes empezar a prácticar antes que otros.
Los deportes que deben esperar
Los expertos suelen desaconsejar comenzar con ejercicios, como el running, el stepper (máquina de subir y bajar escaleras), el HIIT (entrenamiento por intervalos de alta intensidad) o los ejercicios aeróbicos.
Esto se debe a que los movimientos rápidos o constantes hacia arriba y abajo pueden impactar en exceso en el tren superior, causando lesiones o pudiendo provocar un desplazamiento o una mala cicatrización. Para realizar este tipo de actividad deberías esperar, al menos, dos meses.
También se recomienda esperar un par de meses para realizar deportes de contacto, de raqueta o de equipo como el fútbol, el baloncesto, etc.
Los deportes que sí puedes hacer
Lo ideal es realizar ejercicios de baja intensidad que ayuden a mantener un cuerpo tonificado y bien trabajado, como son la natación o caminar.
Asimismo, el yoga y el pilates, al ser disciplinas de bajo impacto, pueden ser una buena alternativa durante la recuperación para tonificar el cuerpo de manera gradual y sin impactos.
Antes del ejercicio, se recomienda hacer unos estiramientos previos de la musculatura del pecho y de los brazos. Por supuesto, ante cualquier molestia o dolor se aconseja parar la actividad.
El cerebro es un órgano que, al igual que el resto de nuestro cuerpo, envejece con el paso de los años.
Si todos deseamos mantenernos más jóvenes no es solo porque nos disgusten las arrugas, sino también para evitar las múltiples enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
Las previsiones indican que en el año 2050 un 25% de la población europea tendrá más de 65 años y el número de personas con más de 80 años se va a triplicar.
Pero ¿existe una fuente de la juventud para nuestro cerebro?
Aunque posiblemente nada nos haga retroceder en el tiempo, podemos intentar envejecer de manera saludable y reducir el efecto que tiene el paso de los años.
¿Qué es el envejecimiento?
El envejecimiento podría definirse como el conjunto de cambios que ocurren con la edad y provocan una disminución de nuestras capacidades fisiológicas, motoras y cognitivas.
El primario es gradual e inevitable y se produce a lo largo de nuestra vida.
El secundario o prematuro viene desencadenado por el padecimiento de ciertas enfermedades o el abuso de sustancias, y se puede prevenir.
Image caption – El cerebro es un órgano que, al igual que el resto de nuestro cuerpo, envejece con el paso de los años.
La edad cronológica (la del certificado de nacimiento) indica el tiempo que ha transcurrido desde nuestro nacimiento.
Sin embargo, existe también la edad fisiológica, que depende de la condición de nuestro organismo y puede ser menor a la cronológica (si nos cuidamos) o mayor (si tenemos malos hábitos).
El envejecimiento del cerebro
Con la edad, el tamaño del cerebro disminuye, perdemos neuronas y se altera la producción de hormonas y neurotransmisores.
Sin embargo, el cambio más importante que se produce es la pérdida de muchas de las conexiones entre las neuronas, unas células de larga vida que no se dividen y, por lo tanto, difícilmente se regeneran.
Otra consecuencia del envejecimiento cerebral es la acumulación de proteínas en forma de agregados que tienden a depositarse tanto dentro como fuera de las neuronas.
Esto puede desencadenar el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad, como la enfermedad de Alzheimer o el párkinson.
Conviene aclarar que lo que comúnmente se denomina como demencia senil es un término obsoleto. El envejecimiento no implica necesariamente la aparición de una demencia o pérdida importante de memoria.
Si existe una pérdida significativa de la capacidad de memoria y aprendizaje, estaría relacionada con una enfermedad específica y no con el envejecimiento normal del cerebro.
Medidas para frenar el envejecimiento
La dieta es esencial para envejecer de forma saludable.
La más recomendada es la mediterránea, que brevemente implica un bajo consumo de carnes y aves de corral, un consumo de bajo a moderado de lácteos, una cantidad moderada de alcohol (vino) y grasas (aceite de oliva), y una alta ingesta de verduras, legumbres, frutas, cereales y pescado.
Se ha comprobado que la dieta mediterránea reduce el riesgo de padecer fallos cognitivos y enfermedades como el alzhéimer.
Además, la restricción calórica o limitación de las calorías que ingerimos puede ayudar a retrasar el envejecimiento.
Además de cuidar lo que comemos, es recomendable dormir ocho horas al día.
El mantenimiento de un buen ciclo vigilia-sueño es esencial para muchas funciones cerebrales, por ejemplo para la eliminación de las toxinas del cerebro que se han acumulado durante el día.
Mientras dormimos, el espacio que existe entre las neuronas aumenta, facilitando su limpieza y buen funcionamiento. Por lo tanto, mantener un sueño reparador favorece un envejecimiento más saludable.
El ejercicio regular y la actividad física son claves para disminuir los efectos del envejecimiento.
Estudios clínicos indican que el entrenamiento físico con intensidad moderada juega un papel neuroprotector, ralentizando la disminución del volumen del cerebro y mejorando su funcionamiento.
Concretamente, el ejercicio aeróbico mejora la función cognitiva, no sólo durante el envejecimiento sino también en personas que sufren enfermedades neurodegenerativas.
Por otra parte, se ha comprobado que aquellas personas que poseen un nivel educativo más alto o que mantienen una cierta actividad intelectual -leer, estudiar o adquirir nuevas habilidades- tienen una menor predisposición a desarrollar demencia.
La base de esta neuroprotección está asociada a la formación de nuevas conexiones entre las neuronas.
Otros hábitos saludables también pueden ayudarnos a evitar los efectos del envejecimiento prematuro.
Image caption – Se ha comprobado que aquellas personas que poseen un nivel educativo más alto o que mantienen una cierta actividad intelectual -leer, estudiar o adquirir nuevas habilidades- tienen una menor predisposición a desarrollar demencia.
Sin ir más lejos, mientras que una ingesta abundante de alcohol corre el riesgo de inducir fallos cognitivos, otras bebidas alcohólicas pueden ser beneficiosas para mantener una buena salud mental .
El vino, por ejemplo, tiene un alto contenido en polifenoles, que tienen acción antinflamatoria y antioxidante.
Definitivamente, el tabaco es un hábito que se debe evitar, ya que se ha relacionado con la aceleración del envejecimiento y la aparición de problemas cognitivos y demencia.
Tampoco hay que perder de vista los factores de riesgos relacionados con enfermedades crónicas altamente prevalentes en personas de avanzada edad.
El mantenimiento de la actividad e integridad del cerebro dependen, en buena parte, de los vasos sanguíneos que mantienen una buena irrigación.
La hipertensión, la aterosclerosis y los niveles elevados de colesterol incrementan las posibilidades de desarrollar fallos cognitivos, ictus y demencia.
A esto se suma que la diabetes y la obesidad afectan al metabolismo de la glucosa y generan resistencia a la insulina.
Ambas alteraciones podrían provocar daños crónicos a las neuronas y acelerar el envejecimiento cerebral.
Los trastornos del estado de ánimo tampoco ayudan.
La depresión es un desorden emocional muy común en personas mayores y es producida por un desequilibrio en los neurotransmisores, que son las moléculas que usan las neuronas para comunicarse.
Este desajuste podría traducirse en un mal funcionamiento del cerebro a largo plazo, lo que aceleraría el envejecimiento cerebral.
En síntesis, la clave para mantener un cerebro sano y joven es la misma que para el resto del organismo.
Es decir, hay que mantener una dieta sana, dormir las horas suficientes, evitar el consumo en exceso de alcohol, huir del tabaco y el estrés, realizar ejercicio moderado, y evitar el desarrollo de otras enfermedades o, al menos, mantenerlas bajo control.
Las nuevas tecnologías han llegado para revolucionar nuestras vidas. Muchas actividades han mutado su forma y espíritu en los últimos años y cada vez menos aspectos cotidianos pueden resolverse sin la presencia de un teléfono celular. Además de su ineludible fuente de diversión, los smartphones también pueden causar algunos problemas para nuestra salud, específicamente en lo que al cuerpo se refiere. En la siguiente nota, te contaremos todo lo que necesitas saber al respecto.
El día a día ha cambiado radicalmente. Basta con revisar nuestro teléfono celular durante un minuto para estar al tanto de las últimas novedades así como también estar en contacto con todos tus amigos y seres queridos. En esa misma dirección, puedes encontrar una cantidad enorme de contenido útil, práctico y entretenido para que tus tiempos muertos sean menos tediosos, así como también ampliar tus listas de conocimientos.
Sin lugar a dudas los smartphones han mejorado nuestra calidad de vida y democratizado el conocimiento: basta con deslizar el dedo para estar al tanto de cómo viene tu nutrición en la semana gracias a distintas apps y herramientas. Sin embargo, como todo lo que se realiza en exceso, utilizar mucho tu teléfono celular puede ser dañino para tu salud. ¿Qué efectos en el cuerpo puedes padecer?
En primer lugar, es importante subrayar que las pantallas de los smartphones tienen un fuerte efecto en nuestros ojos, sobre todo en la retina. Esto se debe a la poca distancia con la que generalmente se usan estos aparatos. Este factor, sumado a una exposición continuada, puede causar lo que se conoce como “degeneración macular”, que no es más que daño al interior de los ojos. Sin saberlo, mientras pasas más de lo aconsejado jugando en un casino online o buscando ofertas en sitios de compra y venta de objetos, puedes estar generándote un fuerte daño.
Otro factor a tener en cuenta es la resequedad en los ojos, la cual se causa por la reducción del parpadeo por el uso del dispositivo, así como también se dificulta el enfoque en ciertas distancias, llegando a causar miopía temporal fruto de la tensión que sufren los músculos de los ojos. De acuerdo a distintos informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tiempo a pasar con el smartphone en la mano debe ser significativamente menor a las 8 horas diarias que se llegan en los casos más extremos.
Más allá del daño ocular, también hay otras partes del cuerpo que se pueden ver afectadas de manera severa por el uso desmedido de estos aparatos. Un ejemplo claro son los tendones de nuestras muñecas, los cuales se comienzan a inflamar. Este padecimiento llega a millones de personas en todo el mundo en la actualidad. El sueño es otro de los factores que se alteran, ya que el brillo del celular y sus constantes estímulos pueden alterar el ciclo de descanso, provocando insomnio, el cual termina afectando a nuestro organismo en su conjunto.
Por último, la cervical, ubicada en el cuello, es una de las zonas que más lamentan una utilización elevada de los teléfonos celulares. El movimiento del cuello para observar la pantalla puede generar fuertes contracturas, así como dolores de cabeza y mareos. En definitiva, reducir el uso no solo podría evitar estos síntomas, sino que también podría ser la puerta de entrada a una vida más activa y saludable, desconectada de los estímulos del dispositivo y más conectada con las cosas que realmente importan.
Información tomada de: www.eldiariodelpacifico.com
La cirugía de abdominoplastia es una de las soluciones radicales a la diástasis abdominal, pero también existen otras medidas para prevenir y mejorar esta distensión que afecta no sólo a la estética sino a la salud en general
Después de un embarazo y un parto, los músculos abdominales se resienten e incluso, la zona central del abdomen puede llegar a separarse. Esto es lo que se conoce como diástasis abdominal.
Diástasis de rectos
La diástasis abdominal, también llamada diástasis de rectos, es la separación de los músculos rectos del abdomen como consecuencia de la distensión y el consiguiente daño en los tejidos que unen esos músculos normalmente. Por ejemplo, esta separación de los músculos rectos del abdomen se produce a causa del embarazo, si bien no se trata del único factor que favorece la diástasis abdominal. Sin embargo, la aparición más frecuente se da efectivamente en la gestación. Un 66% de las embarazadas la sufren en el tercer trimestre.
Qué es la diástasis de rectos y cómo se detecta
Los músculos rectos se distribuyen a los dos lados del abdomen y conforman lo que se conoce popularmente como “tableta de chocolate”. Estos músculos están unidos entre sí mediante un tejido conectivo fibroso compuesto de colágeno. Sin embargo, en algunas etapas, como la del embarazo, este tejido de unión puede quedar dañado a causa del rápido aumento de volumen de la tripa y del consiguiente estiramiento del tejido. Cuando estos músculos quedan separados, como ya hemos adelantado, se habla de diástasis abdominal.La diástasis, además de ser un problema estético es también un problema funcional, puesto que existe una importante relación entre la diástasis y las disfunciones del suelo pélvico.
Es importante destacar que la función de los músculos rectos es mantener el organismo erguido, hacer posible la flexión del tronco, además de intervenir en la respiración. Asimismo, las paredes abdominales son estructuras que repercuten en otras zonas del cuerpo, especialmente afectadas por el embarazo y el parto, como es el suelo pélvico. De este modo, la recuperación de la zona abdominal se convierte en un aspecto importante para la recuperación del suelo pélvico después del parto.
Consecuencias estéticas y funcionales
Las principales consecuencias de sufrir diástasis abdominal se resumen en:
Descolgamiento y flacidez de la zona abdominal de la mamá.
Posible abultamiento del centro del abdomen al realizar esfuerzos o determinados gestos (al faltar una contención para las zonas internas).
Disfunciones del suelo pélvico: incontinencia urinaria, prolapso y dolor pélvico.
La diástasis abdominal postparto se puede solucionar mediante cirugía estética. La abdominoplastia es una intervención muy eficaz para corregir la musculatura, aspirar la grasa que sobra, reparar las hernias y estirar la piel.
La diástasis no es así sólo un problema estético caracterizado por un vientre de aspecto flácido y descolgado, en el que incluso se pueden notar bultos al realizar un esfuerzo, ya que la pared abdominal no es capaz de contener las vísceras. La diástasis es también un problema funcional, puesto que existe una importante relación entre la diástasis y las disfunciones del suelo pélvico. Pero no sólo eso, ya que la diástasis también se relaciona con:
Una mala estabilización del centro corporal, del core, lo que repercute directamente en el mantenimiento de la postura.
Dolores de espalda.
Problemas digestivos: malas digestiones, gases, estreñimiento.
Posibilidad de herniación de las vísceras abdominales.
Tratamientos para la diástasis abdominal
En primer lugar, hay que decir que la diástasis abdominal, una vez que se produce, es muy difícil de recuperar por completo. Sin embargo, se pueden tomar algunas medidas para mejorar su aspecto y, en última instancia, si el caso es especialmente problemático, se puede recurrir a la cirugía. Algunas formas de recuperación de la zona abdominal posparto son:
Realizar abdominales hipopresivos específicos. Los abdominales tradicionales no están recomendados, puesto que pueden lastimar el suelo pélvico de la futura mamá, ya de por sí debilitado.
Evitar todos los esfuerzos que puedan presionar el abdomen, como coger pesos, empujar mucho cuando vas al baño o levantarte de la cama sin ponerte de lado antes.
Evitar el estreñimiento con una alimentación adecuada.
Recuperar el abdomen todo lo posible antes de un segundo embarazo.
Usar fajas específicas para la diástasis abdominal, que no deben utilizarse, no obstante, durante un tiempo excesivo.
En los casos más graves o problemáticos, se puede recurrir a técnicas de fisioterapia, electroestimulación y, incluso, a la cirugía.
Cirugía de abdominoplastia
La diástasis abdominal postparto se puede solucionar mediante cirugía estética. La abdominoplastia es una intervención muy eficaz para corregir la musculatura, aspirar la grasa que sobra, reparar las hernias y estirar la piel. Con frecuencia al retirar el exceso de piel de la parte baja del abdomen también se hacen desaparecer muchas estrías y la cicatriz de cesárea, consiguiendo resultados excelentes.